La columna

En El arte de escribir, José Antonio Hernández Guerrero define la columna como un tipo de artículo de opinión que se caracteriza por la brevedad, el ingenio y la agudeza crítica. Es un apunte escueto y ocurrente, un grito de sorpresa, de humor, de sarcasmo, de alegría o de horror. En el libro, el catedrático habla de cuatro tipos de columna: la columna burlesca, la columna crítica, la columna caricaturesca y la columna-denuncia.

La columna burlesca es un juego intrascendente y amable que proporciona distracción y provoca la sonrisa, un espacio de descanso y de diversión. La columna crítica es un examen y juicio agudo y, frecuentemente, irónico, que plantea unas cuestiones generales, señala algunas contradicciones, despierta unos cuantos interrogantes, y estimula la reflexión y la discusión. La columna caricaturesca se vale de comparaciones sorprendentes e hipérboles cómicas para hacer comentarios jocosos y aparentemente frívolos, pero realmente serios. Y la columna-denuncia delata algún defecto en el funcionamiento de las instituciones, en los hábitos sociales, o en las actitudes y comportamientos individuales.

Aunque no soy un periodista profesional, sino aficionado, creo que la columna burlesca no es importante para este análisis. Además, aunque me gusta la clasificación de Hernández Guerrero, pienso que es posible hablar de un quinto tipo de columna: la columna híbrida. Básicamente, la columna híbrida es el producto de las columnas crítica y caricaturesca, y la columna-denuncia.

La importancia de las ideas anteriores radica en que contienen las bases teóricas para la lectura y la escritura de una columna. El lector y escritor de una columna deben saber que los cuatro tipos significativos poseen un carácter marcadamente ético y moral, y deben preocuparse por conocer e intentar cambiar la realidad.

En este sentido, teniendo en cuenta que uno de los objetivos del programa de Jóvenes pioneros del periódico El Colombiano es crear una comunidad de columnistas, hacer parte de dicho programa es un compromiso social importante, una obligación que se debe asumir responsable y disciplinadamente, y una oportunidad que no se puede desaprovechar. El compromiso ético y moral del joven pionero, como lector y escritor, es fundamental para que la comunidad no sea de comentaristas sino de columnistas preocupados por la búsqueda de una transformación sociocultural.

En conclusión, recordando algunas ideas de la filósofa Adela Cortina, quien quiera leer o escribir una columna ha de asumir un imperativo ético y moral que se articula en tres momentos: hacerse cargo de la realidad, cargar con ella y encargarse de ella para que sea como debe ser. En otras palabras, la columna debe ser un medio para ampliar el ámbito de la realidad posible, para idear alternativas viables, para construir una mejor sociedad y para asumir la moral de la responsabilidad.

La columna fue publicado
en Casi un cuaderno el 11 de septiembre de 2010.

La columna fue publicado
en El Colombiano el 11 de septiembre de 2010.

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2 comentarios to “La columna”

  1. Claudia Ibañez Says:

    No conocía las clasificaciones de las columnas. Es interesante, pero lo que me parece más imprtante son tus últimas palabras: asumir la responsabilidad de lo que desde allí se siembra. Hacerse cargo y respaldar las palabras con conducta y coherencia me parece imprescindible. Saludos!

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